“The Master” de Paul Thomas Anderson: psicoanálisis de un país

The Master“, el último film de Paul Thomas Anderson, es más que una película, es todo un retrato duro, sin concesiones, de la incapacidad de todo un país y una sociedad, que, en teoría, era lo suficientemente avanzada como para dar una solución a las enfermedades “espirituales” que condenaban a los miembros de esa sociedad traumatizada por la II Guerra Mundial.

Es impresionante, y en principio, errónea, la decisión de Paul Thomas Anderson de enfrentarse a una historia tan intimista con un rodaje en 65mm, ya que este soporte invita a grandes historias, épicas, con grandes decorados o localizaciones. Pero no debemos engañarnos, al final, tras el visionado de la misma, nos resulta más que evidente que dicha elección es correcta, ya que lo único que hace el director es cambiar los grandes decorados o las localizaciones majestuosas, por los rostros curtidos, las arrugas, los pequeños gestos o las miradas que se pierden en el infinito y en el infierno de una guerra que dejó a millones de americanos paralizados, en estado de shock, incapaces de relacionarse de manera normal con el otro, de vivir en sociedad, de creer…

The Master

The Master” de Paul Thomas Anderson

Todo lo anterior lo encarna de manera majestuosa el personaje de Joaquin Phoenix, que realiza, tanto a nivel físico como interno, una construcción memorable de Freddie Quell, el personaje que encarna todos los miedos y confusiones de la sociedad americana. En contraposición, Philip Seymour Hoffman, tremendo en su papel de Lancaster Dodd, fundador de la Cienciología, buscando mesiánicamente una solución pseudo-científica-religiosa al proceloso momento psicológico de Freddie y de los Estados Unidos.

Al fin y al cabo, un retrato basado en el psicoanálisis de toda una sociedad, donde los tres pilares dialécticos que son el Ello, el Yo y el Superyo se plasman en su continua lucha y en su relación con la realidad de posguerra.

El personaje de Freddie Quell sería lo más cercano al Ello, movido irracionalmente, de manera animal, por sus pulsiones más básicas: su frustración sexual, su violencia y agresividad… Todo, además, sublimado para mejor servicio a su país en la guerra, encuentra vía libre en la misma y solo frustración en su adaptación social.

Peggy Dodd, con una solvente Amy Adams, conforma un Superyo preocupado por la aceptación permanente por parte de la sociedad de La Causa, y del éxito final de la misma. Magnífica y clarificadora la secuencia en la que se enfrenta a su marido tras su infructuoso desembarco en la alta sociedad neoyorquina, instando a Lancaster a que haga lo que esté en sus manos.

Y finalmente el mismo Lancaster, que en su papel de Yo, busca conciliar la libertad y satisfacción que le procura el personaje de Freddie, desde su protección física a su embriagador y tóxico brebaje, en contraposición con el de su mujer, donde el Superyo le empuja a buscar soluciones para entrar en los cánones establecidos en la sociedad.

Toda la película, a la postre, es una lucha de un mismo individuo, o a la vez de un país entero, que insatisfactoriamente busca consuelo en técnicas pseudocientíficas para superar todo lo traumático que produce una guerra y todo el vacío que genera la posguerra de la misma. La secuencia final del film, sublime, sensacional, ratifica la posición de cada elemento en su lugar, y deviene en el inevitable desenlace frustrante.

Porque en “The Master” confluyen dos sentimientos encontrados sobre la sensación final del film, y que a la vez, son su punto débil y fuerte, como no podría ser de otra manera: esa frustración e insatisfacción que narra y que marca a los personajes traspasa el celuloide  y llega al espectador, que en determinados momentos, puede sentir en la narrativa el mismo sinsentido, pérdida y desamparo que sienten los personajes.

Desde el punto de vista técnico, Paul Thomas Anderson nos vuelve a sorprender con una realización exquisita, una elección extraña pero muy acertada de formato, y una elección de planos perfecta según avanza la narrativa, desde un punto de vista más inquieto y deformado hasta un estatismo total al final de la película.

Imprescindible por lo tanto “The Master“, film que absolutamente todo el mundo debe visionar, donde la épica se traslada de los grandes paisajes a la mente del ser humano. Sin duda, Paul Thomas Anderson nos vuelve a deleitar. Y que dure por muchos años, para gracia y disfrute del Cine y su historia contemporánea.

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