La insoportable crueldad de la imagen real

La crueldad nos bombardea constantemente. Acostumbrados a la violencia, el sexo y lo explícito en los mass-media y las nuevas plataformas vía Internet, tenemos que reflexionar sobre la diferenciación entre realidad y ficción. A tal punto ha llegado nuestra visión del mundo a través de una pantalla, que cuando uno va a un concierto, por ejemplo, se encuentra con una multitud que, aun estando en ese concierto en directo, lo capta, recibe y transmite a través de la pantalla de su smartphone. Prefiere volver a revivirlo multitud de veces y compartirlo con su red social (obteniendo una utilidad marginal de la vivencia mucho menor, a cambio de registrarla y compartirla) que disfrutarlo de manera íntima e individual, como momento único que produce sentimientos que quedan guardados en nuestra memoria emocional, idealizándolo y deformándolo a nuestro antojo al estilo de Fellini en “Amarcord“, donde el realismo mágico irrumpe con una belleza y brutalidad indescriptibles.

Pero hay momentos, y cada vez ocurre más gracias a Internet y las redes sociales, que la imagen real golpea de manera inmisericorde nuestra percepción, haciéndonos dudar por un momento su naturaleza espontánea o su artificiosa parodia. No vemos si no creemos, pero hoy en día, aún viendo, no llegamos a creer que la realidad sea tan dura, tan cercana a la parodia, tan desprovista de un mínimo de sentimiento.

La ficción humaniza lo inerte o lo ausente de sentimientos, lo que en el espectador crea empatía y dispara sus reflexiones sobre la esencia misma del ser humano.

La realidad supera con creces al replicante. La deshumanización de los elementos de nuestra sociedad hace impune cualquier situación inmoral siempre que no incumpla la ley. Lo inerte en la ficción quiere sentir y vivir. Lo vivo en la realidad tiende a lo aséptico, incluso a lo ofensivo.

Al mismo tiempo, la realidad se mueve en los extremos, y asistimos horrorizados a la barbarie del ser humano en directo, en streaming, por ejemplo, a la muerte del dictador Gadafi.

En “Reservoir dogs” de Tarantino, la ficción tiende a la estilización de la sangre y de la violencia, pero ni mucho menos busca captar lo brutal del momento, ya que prefiere la sugerencia a lo explícito, no como la realidad, que inexorablemente nos escupe en nuestra cara la sangre vertida en el momento.

A veces, en la ficción nos encontramos puesta en escenas que traspasan la parodia y nunca creeríamos que estuvieran presentes en la realidad. Creemos que la distopía solo está presente en las Artes, y que al igual que las utopías no son posibles, las distopías tampoco nos pueden alcanzar. En “Fahrenheit 451” de Truffaut, descubrimos un poder, que en aras de un mundo mejor, nos hacen creer que los libros son malos y que hay que destruirlos…

La ministra italiana llora en el anuncio de los recortes a los pensionistas italianos. La distropía, finalmente, se hace realidad y se nos presenta con un abrazo del oso asfixiante.

El poder llora, pero ejecuta. Y mientras, la ficción nos humaniza y la realidad nos vuelve inertes.

3 pensamientos en “La insoportable crueldad de la imagen real

  1. Buen artículo. Muy sintomática tu reflexión sobre cuando vamos a un concierto. Es una pena que la sociedad tienda hacia ese desastre que es vivir todo, en función de a cuantas personas se lo puedas contar, en vez de vivir nuestras experiencias hasta sus últimas consecuencias e interiorizarlas y disfrutarlas.

    Un saludo!

  2. Pingback: La crisis económica y el cine - EL CHATARRERO AUDIOVISUAL

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