El Otro Cine Español: una antigua reivindicación, una nueva realidad

otro, tra.
(Del lat. altĕrum, acus. de alter).
1. adj. Dicho de una persona o de una cosa: Distinta de aquella de que se habla. U. t. c. s.
2. adj. U. muchas veces para explicar la suma semejanza entre dos cosas o personas distintas.

 

“El cine español actual es: políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo, industrialmente raquítico.”

Muchos firmarían estas duras palabras sobre el presente del cine español. Pero la realidad es que este diagnóstico tiene 59 años y se lo debemos a Juan Antonio Bardem en el marco de Las Conversaciones de Salamanca, donde junto a compañeros como Berlanga buscaban una verdadera revolución de los viejos paradigmas en los que se movía el cine de esa época. En los sesenta, de la mano de García-Escudero, apareció el Nuevo Cine Español, donde sus abanderados fueron nombres rescatados de Salamanca junto a otros nuevos como Camus, Borau o Mercero, acompañados de productores como Querejeta. La Escuela de Barcelona, que también buscó romper esquemas incluso con el reciente Nuevo Cine Español, aportó por su parte autores como Aranda o Portabella. La Tercera Vía, el cine de la movida,… Movimientos más o menos abruptos en nuestra historia cinematográfica que han buscado quebrar la (pseudo)industria imperante en el momento, en base a manifiestos, películas, propuestas innovadoras y con una heterogeneidad solo unida por el anhelo de mejora.

El Otro Cine Español hay que circunscribirlo fenomenológicamente, como los anteriores, en un periodo convulso y de crisis, de incertidumbre, de cambios, favorecedor de un caldo de cultivo especial que parece dar un golpe de timón a la forma de entender en conjunto ese oxidado esquema que tenemos de nuestro cine. Otro, porque se diferencia del convencional. Otro, porque no es la primera vez.

La Herida” de Fernando Franco, un ejemplo de El Otro Cine Español

El Otro Cine Español: ¿Fenómeno inédito o determinismo cíclico?

Sin duda, como ya hemos adelantado, El Otro Cine Español responde, como en otras épocas, a etapas críticas y agotadas del establishment, donde unos pioneros, valientes, u outsiders debidamente organizados asaltan el cine establecido. Ya ocurrió, y en este sentido, El Otro Cine Español no encuentra diferenciación con pasadas corrientes. La confluencia de diferentes autores con distintas pulsiones, formas y maneras tampoco es un rasgo concluyente de fenomenología inédita, pero sí quizás más remarcado, achacable a la postmodernidad y sus características. En otros momentos de “revolución”, la modernidad tenía propiedades más definidas o modas formales más claras. Donde se denotaban reuniones de cine-fórums, escuelas de cine o conversaciones de carácter nacional, en la actualidad aparecen como elemento unificador las redes sociales e Internet, verdadera revolución socio-cultural muy ligada al fenómeno y que da cabida y salida a los trabajos de muchos de los nuevos realizadores. Los manifiestos conjuntos pierden sentido, pero siguen existiendo iniciativas de este tipo, como #littlesecretfilm. La necesidad obliga a replantear los cánones de la producción (crowdfunding), inmersos sin remedio en la revolución digital, pero esa frescura e inmediatez que permite el medio también vino dada en su momento con el replanteamiento (mitad por principios, mitad por necesidad) de la modernidad en formas diferentes de rodar, estilísticas y técnicas. En la distribución y la exhibición es donde El Otro Cine Español sí da un salto cualitativo respecto a otras épocas, instalándose como pionero y modelo a seguir por el resto, embarcado, explorando y posicionándose ventajosamente en plataformas digitales y continentes culturales explosionados al calor de la inanición de las grandes salas, terreno conquistado y presuntamente creciente y preponderante en el futuro, respondiendo a las nuevas formas sociales de ver, consumir  y entender el cine.

Una característica diferenciadora de El Otro Cine Español es su fructífero activismo. La flexibilidad que aportan los medios, y su relativo bajo coste de producción, hace que las propuestas sean numerosas, seguramente más que nunca, aun sufriendo el cine “convencional” un efecto inverso. Mientras en otros momentos se apoyaba y se hacía, en la urgente actualidad se hace y se retroalimenta cuasi independientemente.

Diamond Flash” de Carlos Vermut

El Otro Cine Español: ¿Cine oportuno o cine oportunista?

Autores de todas las épocas se han sentido cómodos o no han traspasado la marginalidad disidente por diferentes motivos, normalmente por su arriesgada, personal y comprometida propuesta. Martín Patino o Zulueta son autores oportunos en su momento, pero que no dieron el salto a la industria. En cambio, otros como Berlanga, Aranda o Camus sí quedaron asimilados, en mayor o menor medida, en las estructuras establecidas del cine español, siendo oportunistas (en el sentido positivo de la palabra) y pudiéndose integrar definitivamente.

¿Qué ocurre entonces con El Otro Cine Español? Quizás sea pronto para responder esta pregunta, ya que estamos en estos momentos inmersos en el proceso, pero sin duda que existirán casos, como Carlos Vermut o Isaki Lacuesta, que tienen todas las papeletas para acabar incluidos en la industria. Algunos ya lo están, como Pablo Berger, Fernando Franco o Manuel Martín CuencaLos menos quedarán voluntariamente en la periferia, y otro puñado quedará en la disidencia extrema.

El problema de esta natural comunicación entre disidencia e industria es que, mientras unos buscarán mejores medios para llegar a más público, la industria buscará asimilar formas y maneras de El Otro Cine Español. El tiempo nos dará la respuesta de este mestizaje por vasos comunicantes. ¿Matará la industria la visión autoral de los nuevos realizadores o estos contagiarán una nueva idea de cine español al gran público?

Siempre que un sector se convulsiona, existen magníficas certezas y oscuros peligros. El Otro Cine Español aporta frescura, temáticas innovadoras y narrativas rupturistas, sin cabida en la actualidad de las grandes salas. Pero un peligro sobrevuela sobre todo lo demás, ya apuntado anteriormente: el cine low cost. Ante este hecho todos los agentes cinematográficos deben rebelarse. Sin duda, hay técnicas y tácticas cambiantes y positivas, pero la exigua industria española no puede caer en la mimetización de los procesos de El Otro Cine Español, porque será condenar al mismo a su lenta y dolorosa desaparición. Por otro lado, la existencia continuada de este cine de márgenes puede constituir una riqueza cultural canterana, que con la estabilidad y apoyo necesarios, puede traer inmensas alegrías y pequeñas estructuras industriales sinónimo de prosperidad futura, tan anhelada durante más de medio siglo por los cineastas patrios. Mientras, el recorrido en los festivales demuestra que, mientras las películas de la industria desaparecían de las programaciones de los mismos, ha aparecido otro cine reivindicándose de manera oportuna y oportunista, ocupando el hueco desertado y alzándose con la visibilidad necesaria y la calidad reconocida.

Pero, ¿quiénes forman parte de El Otro Cine Español? Además de los apuntados anteriormente, acompañan en el viaje con mucha fuerza otros como Juan Cavestany, Mar Coll, colectivo Los Hijos, Diego Llorente, Lois Patiño, Javier Rebollo, Daniel V. Villamediana, Albert Serra… La lista es amplia, y continuamente se están uniendo nuevos nombres que hacen crecer la oferta de este nuevo cine que, sí está y sí se le espera.

Caníbal” de Manuel Martín Cuenca

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