“Operación Palace” de Jordi Évole: voluntarioso pero insuficiente

Jordi Évole y su equipo de Salvados han dado un paso más allá. Lo que comenzó como un programa de humor centrado en una campaña de elecciones, allá por 2008, se ha convertido en todo un fenómeno y un dedo en la llaga que una mayoría de españoles disfrutan los domingos por la noche. Fuera de toda duda está el talento periodístico de su director y equipo a la hora de presentar e investigar temas pegados a la actualidad pero con otra perspectiva mucho más próxima al ciudadano. El éxito y credibilidad de Jordi Évole radica precisamente en esa cercanía con la ciudadanía, tanto en pensamiento (indignación supina ante la situación del país) y de gesto (sus peguntas a los invitados se parecen mucho a las que haríamos cualquiera).

Pero pasado el ruido mediático de su última vuelta de tuerca el pasado 23 de febrero, el documental Operación Palace (o deberíamos decir reportaje, ya que está realizado para su emisión directamente en televisión) tenemos que ir un poco más allá y analizarlo como ente audiovisual. Y aquí es donde comienzan las dudas.

Operación Palace de Jordi Évole

Operación Palace de Jordi Évole (clic en la imagen para ver)

Aunque el trabajo del equipo de Salvados es voluntarioso en el yermo erial que es la televisión española en estos momentos, falta de innovación, ideas y sobre todo, riesgo, Operación Palace viene a recoger el guante de un género que hasta este momento había brillado por su ausencia en nuestro país: el falso documental. Ya sea por pacatos, por tomarnos las cosas demasiado en serio, o simplemente por debilidad mental colectiva, en España se yerra el tiro de la polémica, discutiendo primero si el tema era el indicado, si habría gente ofendida, si la gente se lo creyó no o si había pasado el suficiente tiempo para abordar de esta manera el 23-F. Gilipolleces de mesa camilla o de barra de bar.

Ese no es el debate que propone Operación Palace. El debate está en un lugar un pelín más profundo (tampoco mucho más): en cómo se nos presentan en los medios hoy en día las noticias, los temas, y hasta qué punto podemos llegar a ser manipulados los telespectadores en función de unos intereses determinados. Como defiende Jordi Évole en este vídeo.

Seguramente otras veces les han mentido y nadie se lo ha dicho

Jordi Évole justificando Operación Palace

Jordi Évole justificando Operación Palace (clic en imagen para ver)

¿Dónde están, pues, como producto audiovisual, las virtudes y defectos de Operación Palace? Sin duda los defectos son varios y graves, llegando al punto de desmontar el artificio (gracias a una obvia y desafortunada campaña promocional), incluyendo hechos narrativos en el documental de difícil ingestión (la propuesta de Flotats como director del golpe, por ejemplo) o el desenmascaramiento final por si no había quedado suficientemente claro. Se nota miedo, falta de empuje por parte del equipo en ir hasta el final con su experimento (lo que sí hace Joaquín Phoenix en su genial I’m Still Here o William Karel en Operación Luna), que hace tambalearse a Operación Palace desde antes de su emisión.

Quizás el pero más grave sea de concepción narrativa, ya que expone un desmedido interés (mal del guionista, sin duda) de comenzar el documental con la información esencial (la bomba informativa) dejando los siguientes cuarenta minutos en manos de una aburrida y lineal narración de los hechos sucesivos de aquel día de infausto recuerdo (como último graznido cañí de la España que se fue). Quizás si la estructura fuera fragmentaria, no lineal (llevamos más de 30 años de postmodernidad), más contextual y no tan directa, exponiendo cabos para terminar justamente por el principio, Operación Palace funcionaría radicalmente diferente y mejor, guardándose lo mejor para el final, no mostrándolo en el inicio y justificándolo después. Seguro que en este sentido el equipo de Salvados también pecó de miedo por no ser entendidos ni comprendidos.

Pero existen dos puntos virtuosos en este trabajo que debemos destacar sin demora: la intención de plantear que el público español es lo suficientemente maduro como para recibir un producto de este tipo (la mayoría de productoras y televisiones lo tratan como un oligofrénico babeante en el 2014) y la magnífica “interpretación” de José Luis Garci, recuperado de su ostracismo para apuntalar la credibilidad del documental con excelentes guiños y justificaciones cinéfilas.

Ya lo decía Billy Wilder: Las ventanas siempre han sido mucho mejores que las puertas

José Luis Garci en Operación Palace

José Luis Garci en Operación Palace (clic en la imagen para ver)

Operación Palace, siguiendo la estela reconocida del documental Operación Luna o la emisión de la Televisión Belga en 2006 de Tout ça (ne nous rendra pas la Belgique), todas discípulas a distancia de Orson Welles y su Guerra de los Mundos de 1938, intenta abrir un debate en nuestro país lastrado por nuestra mediocridad y apuntala que hay otra forma de hacer televisión en nuestros días, lo cual es voluntarioso, pero a estas alturas, insuficiente.

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