“Mad men”: La mascarada del “American way of life”

Mad men” estrena su quinta temporada en Estados Unidos el próximo día 25 de marzo. Siendo la serie insignia de la cadena AMC y recién renovada por tres temporadas más, creo que es un buen momento para que los espectadores que todavía no hayan disfrutado de esta joya de la ficción televisiva disfruten de un producto magistral en su composición y temática.

Estamos ante una serie coral, en la que todos los personajes son más o menos protagonistas, siempre articulados a través del “hilo conductor”: Don Draper, directivo de una agencia de publicidad neoyorquina, con un pasado oscuro, un presente exitoso y un futuro incierto.

Mad Men

Cartel promocional de la 5ª temporada de “Mad Men”

Todos los personajes se configuran y desarrollan en un ambiente profesional-público intachable, impoluto, de éxito, cumpliendo todos los cánones del “american way of life”. Pero bajo esa fachada se esconden mentiras, cinismos y miedos que destruyen la personalidad y la vida privada de los mismos, entregándolos al nihilismo y desenfreno de unos con(tra) otros. Personajes que con más sombras que luces, construyen a golpe de güisqui y cigarrillos la nueva economía y sociedad de consumo americana, que al igual que ellos, deslumbra por fuera y se pudre en valores por dentro, convirtiéndose en metáfora de la misma nación cual gigante con pies de barro.

Toda esta narración transcurrirá en una época clave de la historia americana: los años sesenta, donde los viejos valores americanos sucumbirán ante el empuje de la juventud, encarnados como nadie en la figura del presidente Kennedy. Nadie estará exactamente en su lugar, todo el mundo está buscando su sitio en esta nueva sociedad, y algunos quedarán en la cuneta del camino, fagocitados por sus propias miserias y oscuras acciones.

La serie tiene una factura técnica impecable, como pocas hasta el momento, particularmente en su diseño artístico, estilismo, fotografía, composición y puesta en escena, regalándonos una “hiperestilización” que sublima y refuerza la metáfora de la América resplandeciente y mísera al mismo tiempo.

Indudablemente estamos ante una dramedia, donde hasta la secuencia más surrealista tiene cabida en el mundo de la agencia “Sterling Cooper” sin el menor atisbo de incoherencia narrativa. Los personajes, “trileros”, buscavidas y mercachifles del mundo de la publicidad, viven bajo la presión del aparentar y de, casi por obligación, vivir en una continua fiesta y desenfreno de satisfacción de lo material, estando en sus entornos privados solos y desamparados ante el vacío existencial que presta la práctica nihilista. Un pozo sin fondo al que están abocados y del que solo podrán salir deshaciéndose de sus oscuros lastres, en una continua huida hacia adelante que solo desembocará en el más profundo abismo. Los sentimientos quedan aparcados en un segundo plano, evidenciando analfabetismo emocional en lo privado e incontinencia verbal y social en lo profesional y público.

Especial atención hay que poner en el subrayado que se realiza de la actitud nihilista a través de los hábitos diarios y comunes de los individuos: todos fuman y beben constantemente, en una carrera surrealista de ver quién caerá primero presa del cáncer o del alcoholismo. Otro elemento importante es el significado de las puertas y entradas, ya estén abiertas o cerradas, lugares de paso entre lo público y lo privado, que aprovechan constantemente los personajes para invadirse mutuamente sus espacios vitales y compartir (o robar) las miserias individuales o conjuntas.

La narrativa y el lenguaje está en la línea de la última década de las grandes series, siendo mucho más cercano al lenguaje cinematográfico que al televisivo, ya en desuso en los últimos tiempos en las series americanas. Los hechos no ocurren frente a nosotros en tiempo y lugar concatenados de manera lineal, ni los hechos se muestran al mismo tiempo de manera auditiva y visual, sino que los deducimos por las conversaciones o acciones de los personajes, tomando el espacio en off (el no enseñado por la cámara) la misma importancia o mayor, en algunos casos, que la propia secuencia que estamos observando. Se sugiere, se oculta, se solapan los acontecimientos, reconociéndolos más tarde gracias a un flashback o a una conversación, por ejemplo, que nos invita a dar marcha atrás y completar el rompecabezas.

En resumen, ficción televisiva imprescindible, sobre todo, para los amantes del cine (si, del cine) y los seguidores de las largas tramas que ofrece la televisión. “Mad men”, con cuatro temporadas a su espalda (la quinta llegará el primer trimestre del año que viene), ya es un objeto de culto y de deseo de los seguidores de la ficción estadounidense.

¿Y la ficción española mientras? Ni está ni se le espera. Mientras no cambien las cosas en la televisión patria, preferiré seguir soñando con parecerme de mayor a Don Draper.

5 pensamientos en ““Mad men”: La mascarada del “American way of life”

  1. Se me hace tan elegante esta serie, sus actores son buenísimos, la música, la fotografía, y sobre todo la gran cantidad de cosas que uno aprende de la sociedad de aquellos tiempos.

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