La educación en el cine

La educación en el cine… Menudo tema de actualidad que hemos escogido. Pero precisamente por eso no está de más, desde el punto de vista cinematográfico, ver la presencia de la educación en algunas películas, eso sí, de formas y maneras muy diferenciadas. Desde el drama a la comedia, la educación es parte estructural de la narrativa de numerosos films o cruza transversalmente filmografías enteras de algunos directores, que merecen ser nombrados y revisitados, unos para bien y otros no tanto.

Comencemos con una película, obra maestra del cine clásico, y que denota públicamente el amor del cine a lo largo de su historia por Dickens, famoso escritor que enseñó como nadie las condiciones míseras de vida de las sociedades de la revolución industrial del siglo XIX, y en particular, en “Oliver Twist“, las condiciones de la infancia, los orfanatos y la nula educación recibida por la sociedad de estos niños que, como Oliver, están abocados al robo y a la extorsión para salir adelante. Aquí el cine nos sirve para mostrar una época y para denunciar prácticas ilegales, hipocresía y falta de responsabilidad de la sociedad y del estado en la educación de la infancia que se mueve en las procelosas áreas de la marginalidad sin ninguna oportunidad de redimirse como ciudadanos. Historia atemporal, ya que en todas las épocas y en todos los lugares sigue ocurriendo lo que podemos apreciar en esta obra maestra del cine, dirigida por el magnífico director David Lean (“Lawrence de Arabia“, “Doctor Zhivago“, “El puente sobre el río Kwai“,…) y con una interpretación magistral de Alec Guiness como Fagin.

Pero el cine también nos enseñó otros métodos educativos muy propios de otras épocas. En este sentido, tenemos “El pequeño salvaje” de Truffaut, obra maestra del cineasta francés donde, a través del recorrido a lo largo del film de la educación dura y estricta del siglo XIX por parte de un profesor (que interpreta él mismo) de un niño encontrado en estado salvaje, nos plantea situaciones y preguntas muy interesantes. La necesidad de estas reglas, la opresión que supone la civilización para el ser humano y el uso por parte de la sociedad y el estado de la educación, no para hacer mejor al individuo y convertirlo en ciudadano libre, sino muchas veces para adoctrinarlo y convertirlo en súbdito o esclavo de unos intereses superiores. Esta película, magistral en su ejecución y en los temas que plantea, se podría englobar en ese súbgenero cinematográfico de los seres humanos salvajes, y su adaptación, o ausencia de ella, dentro de las normas y convivencia del mundo civilizado. Siempre en estos casos existe un choque de vivencias, del cual al final ambos mundos, el civilizado y el salvaje, funcionan como una suerte de vasos comunicantes donde ambos se enriquecen, normalmente el salvaje pudiendo vivir en sociedad, condición indispensable del ser humano, y el mundo civilizado humanizándose. Es decir, uno aprende civismo o educación cívica, mientras los otros aprenden sobre los sentimientos, algo inherente a la humanidad, y que la educación, a grandes rasgos, tiende a mitigar o desplazar en favor de la racionalidad, los conocimientos y la normalización de los actos.

Este subgénero también se nutre de un punto fenomenológico, donde los salvajes o seres sin civilizar se les considera freaks, fenómenos, e incluso la humana civilización llega a plantearse la cuestión de su tenencia de alma. Ejemplos de esto pueden ser magníficas películas como “El hombre elefante” de David Lynch, “Máscara” de Peter Bogdanovich, o las fallidas “Greystoke: la leyenda de Tarzán” de Hugh Hudson o “Nell” de Michael Apted.

Pero no nos desviemos y volvamos a la educación. Aunque sí es cierto que el siguiente film tiene algo que ver con lo que hemos estado hablando en el párrafo anterior, ya que también “My fair lady” es un viaje a través de la educación estricta de una florista malhablada    del Londres eduardiano, convertida en toda una bella dama gracias a una apuesta. Maravilloso musical que adapta la obra “Pigmalión” de George Bernard Shaw, dirigido por el maestro George Cukor, e interpretado por un gran Rex Harrison y una bellísima Audrey Hepburn. Un imprescindible del musical de la historia del cine, considerado por muchos “el musical perfecto”.

El mundo cambia, avanza, y empieza a producirse una fractura entre la juventud y la sociedad que alberga a la misma. Y la educación válida hasta entonces, se vuelve inútil ante los nuevos paradigmas. Y el cine, no podía ser menos, refleja este cambio de los años 60 en sus películas. El mayor ejemplo de todos es “Rebelión en las aulas” de James Clavell y protagonizada por Sidney Poitier. En este interesante retrato de la juventud del East End londinense, podemos ver cómo un profesor tiene que cambiar los métodos y los contenidos educativos para poder conseguir adaptarse a los nuevos tiempos, mucho más complejos que los anteriores. Las frustraciones de esta generación y su situación al borde la marginalidad con familias desestructuradas, hace que proyecten esa frustración en forma de ira, insumisión y no acatamiento de las normas que marca la sociedad, que no les da ni ofrece nada y les quita la posibilidad de poder salir de ese agujero en el que se encuentran. El film fue un éxito de crítica y de público en la época, y ha marcado una época en el cine.

Pero al contrario que en “Rebelión en las aulas“, donde el profesor consigue “reeducar” a los alumnos y sacar provecho de ellos, posteriormente, a partir de los años 80, el cine refleja el fracaso de la sociedad y del estado como educadores de la juventud. es la época de la posmodernidad, de la deconstrucción, del liberalismo de Reagan, del desmantelamiento del estado de bienestar de Thatcher en Reino Unido,… Y el cine ya no muestra contenedores educacionales ni educadores donde se transmite el conocimiento y el civismo, sino auténticos campos de batalla donde el profesor se convierte en una suerte de “justiciero”, en un héroe de acción, donde la educación pasa a un segundo plano y toma relevancia la lucha por la cual el colegio no se convierta en un contenedor pre-carcelario, con bandas, violencia, drogas y delitos de todo tipo. Ejemplo de este estado lamentable de la educación son un buen puñado de películas que, aunque su calidad es cuestionable en su totalidad, son interesantes en cuanto crean otro subgénero cinematográfico que podríamos denominar de “cine de acción en la escuela”, ya que mezcla elementos de ambos géneros, el educativo y sobre todo, el de acción. Ejemplos de este tipo de cine son “El rector” con James Belushi, donde no se pierde el punto de humor que le da el protagonista, o “El sustituto”  con un profesor como Tom Berenger al mando de una clase, o la más que dudosa secuela “El sustituto 2” donde el profesor “duro” es el actor de acción de segunda Treat Williams. Un jemplo más comercial de este tipo de cine es “Mentes peligrosas” donde Michelle Pfeiffer hace de profesora enrollada en un instituto de mala muerte y… ¡consigue resultados! Lo más destacable de esta producción es la banda sonora, nada más.

El cine oriental también nos ha dado una versión radical y recrudecida de este fracaso educativo de la sociedad actual. “Battle Royale“, magnífica visión del director Kinji Fukasaku que se basa en un best-seller japonés del mismo título del escritor Koushun Takami, inspirado libremente a su vez en “El señor de las moscas” de William Golding. En esta película se nos presenta una forma de educación muy particular: en un futuro cercano, Japón es un estado policial, y ante la superpoblación la solución es volver a los orígenes: la supervivencia del más fuerte. Una clase es enviada a una isla donde tendrán que matarse entre ellos. Toneladas de preguntas sin respuesta y de reflexión filosófica es lo que nos entrega esta obra maestra del cine japonés, además de la aparición siempre solvente y magistral del director y actor Takeshi Kitano.

En esta línea experimental, el cine europeo también nos ha dado una de las películas sobre educación más controvertidas de los últimos tiempos. “La Ola“, de Dennis Gansel, donde en una clase de Política se experimenta el régimen autoritario, yéndose al final el experimento de madre. Espectacular film basado en hechos reales ocurridos a finales de los años 60. Es una película imprescindible para entender más allá de la educación y adentrarse en el mundo del adoctrinamiento.

El cine europeo últimamente ha dado otras muestras de su interés por la situación de la educación. En “La clase“, película francesa de Laurent Cantet, vemos un retrato bastante fiel de la situación actual de nuestros colegios e institutos, donde un profesor con ganas de hace bien su trabajo, se encuentra con unos alumnos desmotivados y una institución que tampoco ayuda con su pensamiento, hipocresía y burocracia. Película desalentadora para el educador, pero que invita a luchar por lo que se cree y por la vocación del educador como catalizador de la mejora del sistema.

La educación también ha sido para algunos directores, desde diferentes puntos de vista, un “leitmotiv” de su filmografía, cruzada por el tema de la escuela. Uno de los ejemplos más geniales es Federico Fellini, que con su realismo mágico, nos traslada a la educación de la Italia fascista de Mussolini, siempre con un punto de vista irreal e idealizado, pero cargando contra todos los poderes que controlaban la misma y sus obsesiones y fantasías eróticas con las profesoras.

En el cine español también tenemos dos directores cuya filmografía está trufada continuamente de referencias a la escuela y a la educación. El más grande de todos, Berlanga, en casi todas sus películas hace referencia de una manera u otra a la escuela y a la educación franquista, siempre con el referente femenino como transmisor de la educación, y siempre como elemento reprimido y represor al mismo tiempo. Como ejemplo, el último material rodado por Berlanga fue “El sueño de la maestra“, un homenaje-compendio de su magistral filmografía. Por supuesto, en plano secuencia.

Otro director español en cuyas películas aparece siempre una alusión más o menos importante es José Luis Cuerda. En la obra maestra  “Amanece… que no es poco” el genial creador nos concede su visión surrealista e idílica de la escuela franquista. Aquí vemos el método más repetido en la escuela franquista para aprender la lección, cantar, en este caso, la lección del corazón.

Y el magnífico fragmento del examen sobre las ingles.

Otra visión idílica de Cuerda es la película “La lengua de las mariposas“, donde nos expone la relación de un maestro rural de la república con un alumno. Una relación directa, cercana, y donde el maestro es un iniciador, que no solo enseña conceptos, sino que también enseña al alumno sobre la vida. Toda una oda a la antigüa enseñanza.

¿Y la televisión? Pues también se ha metido en la educación, sin duda. No entraremos en valorar productos patrios de dudosa calidad tipo “Compañeros“, “Un paso adelante” o “Física o Química” o ese subgénero que son las series de instituto, y que puntualmente repasaremos en otro momento. pero quiero hacer hincapié en un programa que no tuvo quizás el éxito esperado, pero que trivializó el hecho de la educación de una manera que nos deja a las claras cómo nos tomamos en este país la educación. LOGSE, LOCE, LOE,… Llevamos más de 20 años sufriendo en nuestra carnes la caída en picado de la calidad de la educación en nuestro país, por lo que a alguien se le ocurrió que hacer un reality al más puro estilo “Gran Hermano” pero con la educación como eje vertebrador del mismo: meter a un grupo de jóvenes (pijos, chonis y demás calaña subtribal callejera) y educarlos al estilo antigüo, porque alguien pensó que cualquier tiempo pasado fue mejor. Así nació “Curso del 63“, emitido por Antena 3, del que dejo aquí algunos hits en forma de fragmento.

Tras este breve repaso por la filmografía dedicada a la educación, podemos apreciar cómo a lo largo del tiempo han cambiado tanto las películas como los problemas que plantean, ya que esta es una temática que debe ir muy pegada a su tiempo, o al menos, que nos ofrece la oportunidad de servir de catalizador para plantearnos problemas mayores y más profundos de diferentes generaciones en particular y de la sociedad y el estado en general.

4 pensamientos en “La educación en el cine

  1. Y por cierto, la educacion por lo menos en españa es demencial. Claro ejemplo de que intentando tanto adoctrinar, como ser modernos en metodologías que no premian el esfuerzo, si no mas bien la medianía. Solo se consigue el fracaso, como se puede ver actualmente.

    Cosa que casi nadie se atreve a decir, pero lo único que funciona es la educacion inglesa, vamos la clásica, con los cambios pertinentes de los tiempos que avanzan. Lo demas experimentos que ya vemos a donde llevan

    • Totalmente de acuerdo en tu razonamiento… Aquí tiene que funcionar el esfuerzo… De todas maneras, la historia de la educación y el cine nos da una panorámica buenísima para no caer en los mismos errores del pasado… ¡Saludos!

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