“En otro país” de Hong Sang-Soo: Variaciones empapadas en elixir de (des)amor

Tres cosas hay en el cine de Hong Sang-Soo: comida, amor y alcohol, mucho alcohol. No podía ser de otra manera que su filme “En otro país” también desarrolle estos tres placeres, que nos hacen disfrutar y sufrir a partes iguales, y que en el universo del director coreano están, más que presentes, inquebrantables.

El placer de la comida es lo que reúne a los personajes, es la excusa para practicar el mal hábito de beber desmesuradamente y el mejor de conocerse o desinhibirse para amar o retozar en el mismo lecho. Esta es la mejor oportunidad del coreano para dejar desarrollar las sobremesas hasta la llegada de la verdad.

"En otro País" de Hong Sang-Soo

En otro País” de Hong Sang-Soo

La verdad, con minúscula, porque depende del momento y del espectador, de lo fragmentado de la información que Hong Sang-Soo nos quiere ofrecer en cada momento, y sobre todo, de las botellas que se han consumido. Aparecen los sentimientos viscerales: el amor o los celos, la inseguridad o la infidelidad, la soledad o la miseria. Como titulaba Alexandre, la destrucción o el amor. Porque “En otro país” si no hay amor, el personaje se ahoga desvalido en un trago de soju, y si lo hay, aflora su incapacidad schopenhaueriana para disfrutarlo. En fin, la inseguridad y la frustración propia del ser humano ante el hecho amoroso cosificada en el cortejo o en la convivencia, en el deseo insatisfecho de manera constante. El amor y la tensión sexual que flota en el ambiente del filme se come y se bebe, pero a los protagonistas les cuesta mucho disfrutarlo y digerirlo. Amor inconcluso, amor frustrado, amor furtivo, amor en todas sus variaciones.

Sí, variaciones. Porque este concepto, más utilizado a nivel musical, se puede aplicar sin fisuras al cine de Hong Sang-Soo. Y por supuesto, “En otro país”, no iba a ser una excepción: es un filme de variaciones.

El director, con su batuta cinematográfica pausada, sencilla, romheriana en lo formal (excepto con sus reencuadres a golpe de zoom más cercanos al inválido Visconti) va entregándonos distintas posibilidades de una misma melodía: el (des)amor. Isabelle Huppert se encuentra ante el desafío de interpretar a tres personajes con circunstancias muy diferentes pero con el leitmotiv del amor y las relaciones: affaire de una noche de festival, amor furtivo o desamor. Y estos complican hasta el extremo las vidas de los protagonistas, que según la variación narrativa, interpretan a su vez otras repeticiones, otros contrastes, nuevas variaciones que unen y separan a merced de la voluntad acertada del coreano, que trufa la narración de detalles que dan conexión a las tres historias, pero que no son un fin en sí mismas, sino que sirven de medio de reflexión ulterior del filme para que el espectador encuentre sentido a la unidad fílmica de “En otro país“.

Metanarrativa en forma de cuento cuyo tono y forma entroncan perfectamente con la temática y la evolución formal de la filmografía de Hong Sang-Soo: un director que en su alambique de creación sabe destilar perfectamente la formalidad de la modernidad con la narrativa posmoderna.

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